¿Quién mira a quién?
MAX LLAMAZARES

Desde la práctica actual de la arquitectura es curioso ver cómo los artistas del cambio de siglo toman los edificios, objetos formalizados por los arquitectos, y les incorporan una "piel" calificada de obra de arte. De la misma manera que es difícil saber si es una relación de amor o de odio lo que mantienen estos artistas con las arquitecturas que intervienen, es también interesante constatar la similitud de algunas de las propuestas con obras arquitectónicas recientes de arquitectos que, quizás, se han fijado y las han tenido en cuenta, o no. Cabe preguntarse entonces quién mira a quién, considerando que la arquitectura va por otros derroteros a la hora de generar sus obras.
Parece, en definitiva, que estas obras cuestionen de alguna forma la relación entre arte y arquitectura y sus límites, si es que los hay o habrá alguna vez. La intención de la exposición, aprovechando la cantidad de reacciones e interrogantes que pueda provocar el arte contemporáneo, es la de inquietar, entre otros, a los propios creativos de la casa ante unos artistas que, en nuestra contemporaneidad, enganchan una "piel" a las obras de los arquitectos.
Las preguntas hacia estos artistas, por parte de un arquitecto, se podrían encaminar a cuestionarles qué le falta a la arquitectura, y más teniendo en cuenta que la actividad del artista se produce cada vez más en el foro urbano. Si existen nuevas demandas que el arquitecto ha pasado por alto, ¿es terreno exclusivo del artista responder a ellas?
Hasta no hace mucho el arte estaba confinado en los museos, galerías o en nuestras propias casas sin imponer su presencia física y temporal en el espacio público a la manera de la arquitectura. Los edificios son muy grandes, inamovibles, duran mucho tiempo, cuestan mucho dinero y resultan de un proceso creativo marcado por premisas e infinidad de normativas. Aun así, el artista contemporáneo ha decidido saltar a la calle, al objeto arquitectónico, y su obra ha aparecido en el recorrido usual de un paseante. A la vez, sorprende ver que los nuevos museos, generados por los arquitectos, cada vez más parecen esculturas transitables que causan gran expectación. Curiosamente, todo ello coincide con la evidencia de que los museos, en tanto que edificios, se han convertido en uno de los mejores candidatos para representar institucionalmente a una ciudad.