Cuarto acto poético
ESCUELA DE ARQUITECTURA DE LA UCV
El acto consistió en ir y extenderse en los terrenos de la ciudad abierta, cuya gran mayor parte son arenas...
La ciudad es ciudad en tanto en cuanto su espacio es el espacio público de la palabra...
De este acto poético, ellas, las arenas, comparecen propias. No son firmes, están a merced del viento, no son tierra, no son mar y, por lo tanto, ya nunca playas. Reciben las huellas hundiéndose con ellas y borrándolas después. Recogen la luz con una homogeneidad indivisa y multiplicada en infinitos matices a la vez, siempre cambiantes en la inmovilidad. Así las arenas en pura disponibilidad, en fianza ilimitada para recibir cuerpos, elementos, casi rechazando todo lo que impida ser eso mismo -tal vez por eso se las dice estériles-, abriendo la vigilia con su genuina intemperie y reclamando desde sí mismas la orientación. El trance del desaparecimiento y no, por cierto, la desaparición lata (real contrapartida de la aparición), es decir, la suspensión misma.
Así las arenas se nos muestran como el incesante volver a no saber, que no es la ignorancia respecto a una sabiduría. En vez de la estabilidad de cualquier saber adquirido, este mero trance del desaparecimiento nos dice un continuo volver a no saber, que excluye radicarse en un conocimiento adquirido respecto de lo que aún está por saberse y, en consecuencia, no es tampoco un conocimiento a conquistarse. Sencillamente, a la luz del acto poético, las arenas nos dicen este incesante volver a no saber. Así se abre el terreno en lo que es de más propio y concreto. Se abre en forma de acontecer, lugar y palabra, real transparencia o límite: en ágora. El ágora es, pues, el lugar de este continuo volver a no saber. Por esto, tal vez, el ágora de la ciudad abierta no sea precisamente el ágora de la antigua ciudad griega. Este estado de continuo volver a no saber nada tiene de íntimo, privado, individual; es el estado o estatuto mismo de los terrenos que se vuelven propiamente terrenos en cuanto son abiertos. Estado revelado, aquí concretamente, por las arenas y fundamento mismo de la ciudad de hoy, si es posible que hoy haya ciudad.
Como estado, aún en el estricto sentido político, se nos muestra el incesante volver a no saber de las arenas. Y por ello, es esencialmente -por estado- público, pues lo público, sabemos hoy, no es lo cerca.
No es un estadio donde se está cerca en función de una referencia que es el match, no es un partido donde se está cerca en función de una referencia que es el futuro, no es la asamblea donde se está cerca en función del propósito -referencia- general que la convoca.