Amanecer de Chile
IMAfoto
Parece confirmado que el día 30 de noviembre del año 2000 amaneció en Chile. Tenemos varias pruebas que justificarán esta tesis. Una de ellas deslumbra por su contundencia: ese día, trece fotógrafos se pusieron de acuerdo, urdieron una trama y participaron en un complot para dar testimonio de tan raro acontecimiento. Con sus cámaras a cuestas -y esto prueba que sabían que algo extraño ocurriría-, cada uno de ellos describió con sus propios ojos cómo observó el primer bostezo del día a lo largo de la peculiar geografía de nuestro país.
En una época en la que los proyectos colectivos parecen sueños de tiempos, Rodrigo Gómez, impulsor original de esta idea, fue capaz de convencer a doce colegas para formar una larga cadena, de Norte a Sur y de Sur a Norte, que mirara de forma simultánea todo nuestro territorio en algún punto concreto entre la cordillera y el mar. Equidistantes, estos fotógrafos formaron una larga hilera de ojos para verificar en el terreno la exactitud de los mapas.
Pese a la frecuencia perfecta con la que ocurre este acontecimiento -y habría que alarmarse de veras si algún día así no fuera-, la contemplación del alba sigue siendo uno de los placeres más intensos que puede experimentar el ojo humano. La salida del astro rey marca para algunos el final de la jornada. Para la mayoría, es el inicio de un nuevo día que despierta. La actividad humana, o la ausencia de ésta, vistas siempre desde las coordenadas intransferibles de unos sujetos de mirada propia, forman parte ya del testimonio aquí recogido por todos los participantes en el proyecto.

Visvir
Rodrigo Gómez
Todo lo antiguo y lo ancestral de esta tierra que piso lo estoy viendo a través de estos ojos nuevos. Un paisaje se construye frente a mi sombra en una frontera precisa y caprichosa (como todas las fronteras). Pero la arena del reloj cae de forma diferente en uno y otro lado de la línea. En el medio, perdido, me deshago en el placer inmediato de lo instantáneo.